A mi Abuelo 18/08/2020

A mi Abuelo 18/08/2020

Me contaron que estuviste presente el día que nací y recuerdo que estuviste presente el día que nació mi hijo, tú primer bisnieto, sé que anotaste todos los nacimientos, casamientos y todas las relaciones familiares, y sé que lo hacías porque nada te parecía más importante que nosotros. 

Me impacta pensar que viviste cien años y que no sigas viviendo más. Te construiste como un hombre fuerte y determinado, muy a la vieja manera de pensar: que los hombres no demuestran sus sentimientos y no lloran, que trabajan sin parar por su familia. Pero fuiste mucho más que eso; construiste un mundo de arte y academia para todos tus hijos, para todos tus nietos, para tus bisnietos; construiste redes de pensamiento y crítica que de alguna manera siempre nos están tocando. 

Cuándo empecé a escribir esto pasé de enlistar todas las cosas que compartí contigo, todas las que me enseñaste, las que vivimos mis primos y yo, las cosas que nos diste a cada uno ¡Y me quedé corta! Supongo que uno se quedará siempre corto y que en estos casos hacer listas no viene a cuento, porque nuestra relación no fue una serie de listas, fue un camino y lo construiste con cuidado y atención a los detalles. Estuviste en todos los cumpleaños y en cada navidad, estuviste las dos veces que me rompí la mano, me subiste a un escenario a actuar desde muy pequeña, me enseñaste a no tenerle miedo a los errores y a superarme luego de ellos. 

Recuerdo que nos recibías en tú despacho lleno de libros y fotos de todos tus hijos y nietos, nos dabas colores para dibujar, nos ponías música clásica y cuándo hacíamos mucho ruido nos invitabas a bajar a jugar a los columpios para poder concentrarte. Todos los fines de semana eran una emoción porque nos podíamos ir a dormir a tú casa y sabíamos que tomaríamos café con leche contigo y cenaríamos quesadillas con chorizo que tu preparabas. Tú casa era una zona de seguridad y diversión asegurada y tu estabas siempre atento a que durmiéramos tranquilos. Me dejabas dormir en el sofá de tú cuarto y me enseñabas el cine mexicano, siempre atento a cambiar de canal cuando alguna escena se subía de tono, procurando el cuidado y respeto a nuestra infancia. 
Recién descubrí que guardaste todos los dibujos que te hicimos los nietos cuándo te visitamos. ¡Y me llené de ternura! Son miles y todos tienen dedicatorias para ti, porque no hacías más que darnos amor y cuidado.  

Tener un abuelo como tu fue como tener un segundo papá a quien amar y del cual aprender. Nos dejaste todos los ejemplos buenos que pudiste y te fuiste pensando que aún te necesitábamos; yo sí pienso que te necesitamos, que siempre te vamos a necesitar.  Para no irte y dejarnos del todo, nos dejaste tus textos, tus pensamientos, tus horas sentado en el escritorio escribiendo y leyendo; todos los momentos que compartimos juntos. Nos dejaste una ciudad más completa de la que tú recibiste. 

Me parece difícil escribir sobre ti, porque tus significados para mi son dédalos de emociones y recuerdos, tan infinitos como tu presencia en una ciudad a la que le diste tanto. Yo no sé si todos los abuelos son como tu, pero sé que deberían serlo, que es una suerte vivir tanto tiempo con un abuelo tan presente, tan entregado en su papel de abuelo y tan entregado a sus convicciones.  

Me encontré pensando el otro día desde mi ateísmo, que me encantaría que lo que tu querías encontrar al morir sí existiera: el cielo, Dios, tú mamá que tanta falta te hizo, una promesa de paz eterna. Ojalá lo hayas encontrado, porque trabajaste duro para conseguirlo y porque te lo mereces. Espero todos los días encontrarte en mis sueños; pero te fuiste entero y no te he vuelto a ver y sin embargo te reconozco muy dentro de mi misma en mis reflexiones. Tener un abuelo que inspire tanto como tu no es común, pero sí es una fortuna y espero llegar a vivir con la misma entereza y pasión por la vida que tuviste. Siempre serás un ejemplo basto y grande al que aspirar. 

Mi sangre viene de ti y de mi abuela, viene del vientre de mi madre y de ella vienen muchas cosas que tu le dejaste. Tocaste cada vida de nosotros de manera distinta y los nietos tuvimos la fortuna de recibir puro amor de ti.

"Cuándo sea grande quiero ser como tu" te escribí muchas veces. Ojalá algún día sea grande, como tu.


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