Es 1ero de Marzo y desde fines del año pasado nos avisaron que la medicina no tenía nada que aportar para que pudieras recuperar tu salud y continuar con tu vida de libertad. Tú no paraste de luchar, te intervinieron para mejorar tu espalda y darte calidad de vida. Esa calidad de vida es otra, no es la que tuviste durante muchos años (no los suficientes), es otra, una a la que te aferras porque eres admirablemente fuerte y combativa, estás con todo lo que tienes, para disfrutar y acompañar a tus hijos, para sobrevivir a tu mamá, como corresponde. La muerte no es justa, solo es. Y no sabe que tú eres una de las mamás más amorosas y entregadas, no sabe que eres la amiga más increíble que pudo haber tenido mi hermana y tampoco sabe que la felicidad más grande que ha vivido tú mamá fue el día que te conoció. Porque la muerte no sabe nada, solo es, no le importa nada y no paro de gritarle en mi imaginario que ¡aquí no es! ¡No es contigo su cita!...
Es al mismo tiempo angustiante y vergonzoso sentir dolor por tú partida. Pienso a veces que soy medio estúpida porque a pesar que sé sabe que la muerte es irreversible, anhelo que el pasado se borre y todo haya sido un mal sueño, que despertemos todos y estés ahí, en Marfil, en tú casa, con tus hijos, que estés sana, que no te falte la vida y todo siga como antes del cáncer. A veces pienso que la justicia es una ficción, la fantasía más creativa del hombre, no existe realmente, definitivamente no en la muerte. Te extrañamos, tus risas en mitad de un buen chiste que era difícil entender porque no podías terminar de contarlo aunque entre tus carcajadas se asomara el intento, tus comentarios atinados en el grupo de familia que a muchos nos hacían el día. La ternura que tenías para ser familia, la prima mayor. Es muy fuerte saber que pasaron dos años ya sin ti. Que Miñis y Gue están ahí, aprendiendo una vida con menos empatía y más frialdad porque tú no estás. Quisiera no ...
Comentarios
Publicar un comentario