Que se confunda, que se equivoque, que se arrepienta, que no te lleve
Es 1ero de Marzo y desde fines del año pasado nos avisaron que la medicina no tenía nada que aportar para que pudieras recuperar tu salud y continuar con tu vida de libertad. Tú no paraste de luchar, te intervinieron para mejorar tu espalda y darte calidad de vida. Esa calidad de vida es otra, no es la que tuviste durante muchos años (no los suficientes), es otra, una a la que te aferras porque eres admirablemente fuerte y combativa, estás con todo lo que tienes, para disfrutar y acompañar a tus hijos, para sobrevivir a tu mamá, como corresponde.
La muerte no es justa, solo es. Y no sabe que tú eres una de las mamás más amorosas y entregadas, no sabe que eres la amiga más increíble que pudo haber tenido mi hermana y tampoco sabe que la felicidad más grande que ha vivido tú mamá fue el día que te conoció. Porque la muerte no sabe nada, solo es, no le importa nada y no paro de gritarle en mi imaginario que ¡aquí no es! ¡No es contigo su cita! es con otros.
Es 1ero de Marzo y a las 7:44pm de la noche tu mamá nos mandó un mensaje que ninguna de las personas que lo recibimos queríamos leer nunca, mucho menos viniendo de ella, es un mensaje que llegó como poco, con 40 años de anticipo. Ese mensaje hablaba sin decirlo, del acecho de la muerte y del dolor más profundo que hayamos vivído en esta familia.
Es 1ero de Marzo y desde las nueve de la noche la ciudad, con el cielo despejado, sin una sola nube y con un manto de estrellas llenándolo todo, de pronto se cubrió de una humedad indecifrable. Es como si todas las lágrimas de la injusticia que representa tu potencial partida, no tuvieran suficientes ojos para brotar y se desperdigaran por encima de la ciudad, todo huele a humedad y desesperanza. Ya bien decía mi abuelo en un tono borracho pero no por ello menos atinado "cuanta desesperanza, que dolor tan profundo".
Es 1ero de Marzo y sigues respirando, están tu mamá y tu hermano junto a ti, en la carretera está tu otra hermana, la que nació del vientre vecino, viajando con toda la calma que el corazón le permite, que no es mucha, para estar contigo y pedir que no te vayas, que ocurra un milagro, que la muerte de pronto no sea solo eso, que sea justa y te deje vivir los años que te faltan, los años que le faltan a tus hijos para tener la suerte que tenemos todos los que aún tenemos a nuestra madre. Viene a estar contigo y a rogar que puedas conocer a los hijos de Andrés, a los suyos, que vayan a la feria en la ciudad todos juntos.
Es 1ero de Marzo y las Bikingas están reuniéndose porque quieren ganarle a la muerte a rezos, llenar el cielo de esperanza y no de esas lágrimas que ahora se han aparecido en forma de bruma húmeda e inexplicable y nos abrazan a todos, a los que te amamos y te conocemos, a los que no te conocen y no entienden de donde viene esta humedad sin explicación.
Las Bikingas, esas amigas que tuve la suerte de fotografiar, siendo así testigo de la hermandad tan grande que se tienen, esas amigas que desde que eramos pequeñas me cantaban "quitate ya de aquí perro lanudo" y que secretamente siempre admiré porque toda la vida las admiré a ustedes dos, las hermanas de vientres hermanos, que hicieron un grupo de amigas/hermanas y lo crecieron y mantuvieron por más de 30 años. Ellas están ahí, en la trinchera, buscando la fórmula para que se confunda la muerte, que se equivoque, que se arrepienta, que no te lleve.
Es 1ero de Marzo y hoy no dormimos, y la humeda niebla no se va, espero que tú tampoco.
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