2 años
Es al mismo tiempo angustiante y vergonzoso sentir dolor por tú partida. Pienso a veces que soy medio estúpida porque a pesar que sé sabe que la muerte es irreversible, anhelo que el pasado se borre y todo haya sido un mal sueño, que despertemos todos y estés ahí, en Marfil, en tú casa, con tus hijos, que estés sana, que no te falte la vida y todo siga como antes del cáncer.
A veces pienso que la justicia es una ficción, la fantasía más creativa del hombre, no existe realmente, definitivamente no en la muerte. Te extrañamos, tus risas en mitad de un buen chiste que era difícil entender porque no podías terminar de contarlo aunque entre tus carcajadas se asomara el intento, tus comentarios atinados en el grupo de familia que a muchos nos hacían el día. La ternura que tenías para ser familia, la prima mayor. Es muy fuerte saber que pasaron dos años ya sin ti. Que Miñis y Gue están ahí, aprendiendo una vida con menos empatía y más frialdad porque tú no estás.
Quisiera no sufrir tu ausencia porque es hacia donde todos vamos encaminados, pero duele profundamente, está grabada en los huesos de todos nosotros, en el sistema nervioso, en los músculos, en la piel. Y la afrontamos con el aferre a vivir intensamente en tu nombre. Lo peor es pensar que eso no te hará volver a tus niños de ninguna manera y que por desgracia, lo poco que podríamos preservar para ellos de ti, no lo podemos dar porque se nos fue arrebatada la posibilidad.
Doler y aferrarse a la alegría.
Es lo que se hace desde que te fuiste.
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